jueves, abril 14, 2011

Fleet Foxes - Helplessness Blues (2011, Bella Union)

Cuando la cuna del grunge informa de que una nueva banda ha salido, a veces es necesario dejar lo que se haga, llegar al meollo y valorar qué es lo que se está cociendo en esa ruidosa ciudad donde la mano izquierda acariciadora de una guitarra en llamas nació llamada Seattle. Hace ya tres años que un quinteto de armonías poco relacionadas con este movimiento revolucionaron la crítica, hipnotizaron al público e hicieron que a muchos de nosotros nos envolviera un halo de misticismo que pocas veces se nos había presentado.

Fleet Foxes - Helplessness Blues

Poco hace falta decir cuando se habla de una banda que emana tal calidad como es Fleet Foxes, a los que solo le hizo falta en 2008 soltar su debut homónimo precedido de 'Sun Giant' (EP), para obtener el éxito, curiosamente, a mayor velocidad en Europa que en EE.UU. Este año ha sido el del regreso, el de volver a ver una preciosa portada en las estanterías de la tienda de discos, el de volver a disfrutar de armónicas voces perfectamente compenetradas, el de volver a sacar la camisa de cuadros del armario, dejarse la barba larga y sentirse pastoral por momentos. Pero también es el disco en que no todo el público se ha puesto de acuerdo, algo que no sorprende y que en parte, razones justificables pueden existir.

'Helplessness Blues' (2011, Bella Union) es uno de los discos más esperados del año, pese a que el resultado para mucha gente no haya colmado sus expectativas. Pero habrá que hacer una observación en esto y es que, pese a que es cierto que cuenta con menores momentos de folk potente y más introspectivos, la esencia pastoral que sigue esta banda, posiblemente flotando sobre un jugo de no buscar la fama fácil, hace que el margen de maniobra en cuanto a virtuosismo se encuentre acotada a favor de una emocional efervescencia como la que 'Someone You'd Admire' ejemplifica a la máxima potencia. Y es que a pesar de que eso pueda faltar, la calidad musical que despachan en lo que se puede denominar un disco menor por muchos, hace que le salgan joyas como 'The Shrine/An Argument', una sola pista con tres partes acotadas, tres actos que hacen de ella una de las mejores composiciones emocionales de todo el disco.

Fleet Foxes

El adelanto llegó de la mano del tema que da nombre al trabajo, dando a entender que las directrices a seguir serían las mismas y con una lírica de miras al interior sobre la situación de lo que nos rodea día a día ('if I know only one thing it's that everything that I see/ of the world outside is so inconceivable often I barely can speak'). 'Montezuma' es el primer corte que presenta esta nueva apuesta del quinteto con un regusto a los My Morning Jacket de 'Z' (2005) o incluso a los inspirados Band of Horses que nos regalaron dos años más tarde su obra culmen hasta la fecha. Ya sus pasos muestran la emoción a la que pueden llegar y de la que se separan en una hipnótica y positivista 'Bedouin Dress' o en la profunda 'Battery Kinzie'.

Entre la docena de temas que nos regalan, dejan muestra de que saben evocar la belleza y el poderío dentro de una misma historia como 'The Plains/Bitter Dance', precioso corte de final histriónico que se inmiscue en la atmósfera de cuerdas de 'The Cascades' o en unas pseudobeatleiana 'Lorelai' o 'Blue Spotted Tail', donde se nota la influencia de un Dylan apaciguado. El cierre del disco sume a la banda de Seattle en esa potencia que quizás se echara de menos por parte de a quien este disco le ha parecido algo menor, algo tosco o lento a grandes rasgos, pero que, en búsqueda de una colección de pequeños matices, se convierte en una de las obras más armónicas de lo que veremos este año.

Viento, percusión, cuerda y voz. Todo tiene su espacio reservado para este nuevo trabajo de Fleet Foxes donde demuestran una armoniosa compenetración musical y espiritual plena de matices que hacen que sus discos deban ser observados en la distancia corta. ¿Belleza? Sí, este es el camino, solo dejen que el zorro les guíe.

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